Sergio cerró la puerta de su despacho para que nadie lo molestara y sacó de su cartera el expediente de Lucas Salcedo, presidente de Salcedo y Roms Enterprises. Tenía que abrir diligencias y no lo había hecho. Aún era pronto, podía esperar. Pero era muy consciente de que alguna vez iba a tener que enfrentarse a ello y eso le producía esa angustia que últimamente casi no lo dejaba respirar. Por fortuna, la denuncia era una cuestión personal, que no afectaba ni a los empleados ni a los inversores