Capítulo 51

Eran las once menos cuarto cuando, vestida con una falda de cuero, leggings y zapatillas deportivas y con una bolsa de viaje colgada al hombro, llamó a la puerta de Sergio.

Tardó unos minutos en abrir, hasta tal punto que la joven iba a marcharse cuando lo hizo. Tenía el pelo revuelto y unas enormes ojeras. A los lados de su boca, unas arruguitas que esa mañana no había visto.

—¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?

Sergio tiró de ella y la hizo pasar.

—Sí, desesperado porque tardabas.

—Me dijiste que n
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