—Llegas tarde —fue el saludo de Rosa.
—Sí… Voy corriendo a mi despacho, espero que no me haya llamado nadie —pasó como una exhalación por delante de una asombrada Rosa, que la miraba meneando la cabeza. Si empezaba así, no iba a durar mucho en esa bendita oficina.
Ese día Laura afrontó el trabajo con un espíritu más positivo. La reunión matutina, que siempre se le hacía muy cuesta arriba, se le pasó volando, e incluso se divirtió con las puntualizaciones de su supervisor. El joven Juan era list