El restaurante era acogedor. Con luces tenues y una velita en el centro de la mesa. Estaba situado frente al parque del Retiro, en una zona que le encantaba; además, ella vivía cerca de allí, así que estaba en su territorio.
Antes de sentarse fue al lavabo. Debía retocarse la cara y ese moño díscolo. El rímel se le había corrido un poco a causa del llanto. Se limpió los ojos con una toallita húmeda. Luego se retocó el pelo y se dio un poco de color en los labios. Bien, ya estaba lista para devo