Pero todo eso pertenece al pasado, así que cierro los ojos mientras noto el cuerpo caliente y la cicatriz palpitante bajo mi mano.
Cuando vuelvo a abrirlos solo me veo a mí misma: a Nikki Fairchild de nuevo al mando.
Me envuelvo en mi renovada confianza como si fuera una manta y regreso a la fiesta. Ambos hombres me contemplan cuando me acerco. El rostro de Stark es inescrutable, pero Carl ni siquiera se molesta en disimular su alegría. Parece un niño de seis años la mañana de Navidad.
—Despídet