—Es cierto, yo no llegué a conocer a Carla, pero sé muchas cosas de ella. Un buen amigo mío la conoció muy bien y… bueno, puede decirse que vengo en su nombre. Se llamaba Juan Cobos.
Lo miró con expectación. Había decidido que no debía nombrar a Sergio, así que se inventó a alguien. Roms no podía conocer a todos los amigos de su nieta, y el nombre de Juan Cobos le pareció tan bueno como cualquier otro.
—¿Lo conoció usted? —insistió Laura.
El anciano esta vez no pulsó ninguna tecla de su ordenad