—¿Quién dice que será como la otra vez? —Me planta un beso corto y se levanta.
Se dirige a la puerta meneando sus caderas sensualmente, hipnotizándome con su gran culote.
Cómo una mosca a una luz, la sigo, de repente deje de estar tan cansado.
Que peligrosa es su manera de caminar, santa loba, que deliciosa.
Me muerdo el labio inferior mientras me la devoro con la mirada.
—¿Quieres palomitas de maíz? —me pregunta al bajar y yendo a la cocina.
—Con mantequilla extra.
Estamos los dos en la