44. ¿Estás llorando?
Pavel no había sido invitado cordialmente a la mansión Volkov. Lo habían arrastrado hasta allí, uno de los hombres de Victoria lo sacó bruscamente del coche y lo agarró del brazo, casi arrastrándolo hacia adentro.
—¡Suéltame, puedo caminar solo! —exclamó el joven intentando liberarse del agarre del hombre.
—Las órdenes que tengo son traerte a la mayor brevedad, quieras o no—aseguró el guardia mientras avanzaba sin soltar al chico, apretando cada vez más su agarre.
—¿No estás escuchando? Él pued