Capítulo LXXII. Los problemas nunca vienen de uno en uno.
Finlay.
- “Desde luego mamá no podías ser menos oportuna.”- le dije después de ver como Ailan me lanzaba el teléfono, justo después de soltarme de las esposas, para a continuación salir como el alma que lleva el diablo de la habitación, aún desnuda.
- “Yo que iba a saber, la próxima vez avisa, hijo, aunque me alegro de que estes cumpliendo con la promesa que le haces a tu madre.”- me dijo con esa sonrisa intimidante y peligrosa que solía tener cuando me pillaba infraganti en alguna maldad, un