Llego a la clínica, pido información y la enfermera me indica donde está la habitación de Thomas. Hablo con el doctor y me platica lo mismo que me había comentado Sophia. Toco la puerta antes de abrirla, asomo la cabeza.
—¿Se puede? —pregunto.
—Señora Katia —saluda Thomas.
Tiene el rostro lleno de hematomas y ni hablar de lo hinchado que está. El muñecote pega durísimo.
—¿Cómo te sientes? —arrastro una silla y me siento.
—Pues como puede ver, fatal.
—Lamento mucho que hayas tenido que pasar