—Rodrigo, llévala de regreso a casa —soltó el hombre esas palabras frías y cerró la puerta del auto sin más.
Rodrigo subió de inmediato al coche.
—Señora, le ofrezco mis más sinceras disculpas… —se disculpó conmigo…
La puerta se cerró con un clic. Solo pude ver impotente cómo Marc se alejaba y abordaba el vehículo de su guardaespaldas.
Los dos autos arrancaron casi al mismo tiempo, pero se dirigían en direcciones completamente opuestas. Era como si Marc y yo jamás hubiéramos podido caminar junt