Después de que Enzo salió de la cabaña, examiné el lugar con atención.
Todo parecía normal, pero al abrir la puerta para salir, noté que había guardias apostados afuera.
—¿Ustedes son de Seno o de Enzo? —Reprimí mi frustración y pregunté.
Nadie respondió.
Sabía que, si di un paso adelante, me detendrían al instante.
…
Mientras tanto, Mateo tenía el rostro sombrío, sin el más mínimo interés en comer.
Seno llenó su plato de comida, pero él no mostró reacción alguna.
Su paciencia se había agotado,