En el sanatorio de las afueras.
El hospital confirmó que Alfonso no corría peligro, pero su vida se reduciría a estar postrado en una cama.
Sin embargo, si se dedicaba a la rehabilitación, aún podría tener la esperanza de recuperar algo de movilidad.
Mateo solo lo llevó al sanatorio, omitiendo la rehabilitación y pagando una fortuna por cuidadores para su futuro.
Alfonso apenas podía articular palabras, con la boca torcida y una mirada perdida. Cada vez que abría la boca, la saliva se deslizaba.