Isabella, al ver el rostro de desánimo de Felipe, comprendió que el tonto no había logrado nada.
Conocía bien el carácter de Mateo y, sabiendo que Estrella estaba bajo su control, no esperaba nada bueno.
Sintiendo una mezcla de ansiedad y frustración, se contuvo y le preguntó suavemente a Felipe: —¿Tu madre te volvió a hacer enojar?
Le ofreció un vaso de agua con un tono conciliador: —Ya está mayor, no le guardes rencor.
Felipe tomó el agua de un trago, pero la rabia seguía latente en su interio