Al acercarnos a la fábrica abandonada en las afueras de la ciudad, recibí la llamada de Olaia.
—¡Delia! ¿Qué pasó con la abuela? ¿No estaba en el asilo?
—La han secuestrado.
Sentí un torbellino de ansiedad mientras trataba de explicarlo: —Probablemente fue Estrella e Isabella. Me informaron que debo ir a una fábrica abandonada en las afueras.
—¡Qué despreciable! ¿Por qué atacan a una persona mayor?
Olaia, furiosa, preguntó:—¿Dónde estás? ¿Mateo sabe algo? ¡Voy a reunirme contigo de inmediato!
—M