Capítulo 520
Mateo me lanzó una mirada de reojo sin decir nada, pero su mano siguió sujetando mi tobillo con firmeza, sin dejarme retirarlo.

Sacó su celular y marcó un número.

Poco después, un camarero trajo yodo, unos hisopos y una pomada.

Mateo rompió un hisopo y aplicó el yodo con suavidad en mi herida. Sus largas pestañas ocultaban sus emociones, pero en su voz, algo contenida, se deslizó: —Antes no me preocupaba cómo vivías, pero de ahora en adelante, debes cuidarte mejor.

—Lo que descuides, yo me encar
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