Sebastián miró a Eloy, tragando saliva, visiblemente nervioso: —Hermana, sé que no me esperabas, pero hay algo que necesito decirte en persona.
Sin darle tiempo a responder y sin preocuparse por la gente alrededor, continuó: —Ya no tienes que protegerme. Ahora soy yo quien manda en la familia García. ¡Yo puedo protegerte!
No sabía si Eloy lo aceptaría, pero yo ya sentía un nudo en la garganta.
Quizás, porque sabía que él era mi tío y la mujer a su lado, mi madre. Me conmovió su lazo familiar.