—No lo vas a entender.
—Inténtalo.
—Ayudarlo para perseguir a un amor.
Yolanda le lanzó una mirada y murmuró: —Nunca has amado de verdad, ¿cómo podrías entender?
Sebastián, de repente, se oscureció, como si hubiera perdido el hilo de la conversación: —¿Quién te dijo que no he amado a nadie?
—¿Quién?
Yolanda sonrió, con un tono seductor: —¿Yo?
...
Ese día, me levanté abrazando a un adormilado Diego y lo llevé al baño a lavarse.
Ema ya estaba en la cocina preparando el desayuno, y el aire se llena