Le di un golpe mientras le gritaba, furiosa: —¡¿Quieres matarme de la vergüenza?!
Mateo se rio un buen rato, pero al ver que iba en serio, rápidamente me rodeó la cintura: —Ya, ya, no te enojes. Tarde o temprano todos te conocerán.
—De esta manera, tendrás entrada libre a Grupo Vargas en cualquier momento.
Al escucharlo, me sentí como si me acariciaran como a una gata: —¿No podías hacerlo de otra forma?
Él respondió con naturalidad: —Así es más eficiente.
Me quedé sin palabras.
De repente, me di