De camino al hotel, el conductor manejaba.
Íbamos en el asiento trasero y Marc permanecía en silencio.
De vez en cuando me miraba de reojo, pero no decía nada.
Él callaba, y yo tampoco tenía nada que decirle, así que opté por el silencio.
El hotel no estaba lejos.
Entre silencios, llegamos pronto.
—El niño que te llamó tía, ¿es sobrino de Mateo?
Tras un rato de quietud, su voz ronca rompió el silencio del coche.
Al oírlo, levanté la vista y me encontré con sus ojos oscuros llenos de emociones co