La lluvia golpeaba sin parar en la ventana del coche, y el mundo exterior parecía un lugar extraño y surrealista a través del cristal.
Solté una risa leve y le pregunté a Marc: —¿Cuándo llegará el especialista?
Marc respondió: —Pasado mañana, creo.
—Está bien.
Asentí y, al colocarme la mano en la manija de la puerta, añadí: —Entonces me voy.
—No hace falta, te llevo.
—No, no es necesario. Mi coche está justo al lado.
—De todas formas, te llevo.
Me sorprendió un poco, pero entendí lo que quería d