Capítulo 307
Al día siguiente, el sol salió como siempre, y los rumores en internet seguían propagándose.

Incluso los empleados jóvenes de la empresa me miraban con curiosidad.

Anoche, Olaia vino a mi casa, me devolvió el bolso y el celular, y no paraba de culparse.

Fue a denunciar el incidente de inmediato, pero en cuanto mencionó a la familia Hernández, todos se lavaron las manos. Sin pruebas concretas, no podían hacer nada.

Me confesó que, por primera vez, sintió realmente la diferencia entre tener poder
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