Era un placer estar con ellas.
Después de conversar un rato, saqué una cinta métrica de mi bolso para tomar las medidas de Ana.
Mateo me dijo: —Señorita Lamberto, tome también las medidas de la señora Blanca.
—Claro.
Cuantas más oportunidades de diseño, mejor.
Blanca intentó negarse: —No es necesario...
—¡Abuela!
Mateo la interrumpió con suavidad: —Si te niegas, parecerá que hago diferencias.
—Está bien, está bien.
Blanca accedió con una sonrisa.
Apenas terminé con las medidas, el mayordomo nos