Al ver su reacción, sentí una emoción indescriptible que me invadía. Esa sensación me impulsaba a decir más. En realidad, ya me sentía un poco mareada y acalorada, pero mi ánimo estaba sumamente exaltado y ya no me importaba nada más. Solo quería desesperadamente desahogarme, con urgencia.
Mirando fijamente sus profundos ojos, esbocé una sonrisa y empecé a hablar con la mayor crueldad:
—Sí, cuando me hicieron el análisis, apenas tenía cinco semanas, era muy, muy pequeño, ni siquiera tenía latid