José entró, dejó la bandeja y dijo: —A comer.
Paula lo miró, su rostro sin color, pero sus ojos eran profundos.
José, con una mano en el bolsillo, se quedó de pie, con una expresión impasible.
Tras un largo rato de silencio, Paula esbozó una sonrisa y dijo: —José, quieres investigar algo de mí, ¿verdad?
José no dijo nada.
Paula tomó un sorbo de sopa y, con tono tranquilo, continuó: —Esto está aburrido. ¿Por qué no aceptas una condición? Yo me encargaré de perder al niño, y todo volverá a ser com