Ignacio, con la experiencia que le daban los años, ya no se inmutaba ante nada.
No le costaba decir lo que pensaba, sin preocuparse por la vergüenza. Además, como médico, no podía permitirse ocultar la verdad.
—Te has agotado mucho, necesitas descansar y recuperar energías.
—Y tú, señor, no te confíes solo en tu buena salud. Tómate también un tiempo para descansar, que no todo es trabajo.
Ambos eran adultos, así que no había necesidad de explicaciones adicionales.
Ignacio lo dijo con total tranq