Este beso…
No se podía considerar un beso, más bien, era un mordisco.
Los labios de Olaia ardían, y su boca estaba llena de un leve sabor a dulzura metálica.
¡Este maldito!
¡La había roto la piel!
Olaia no era de las que se quedaban calladas, y en un arrebato, intentó devolver el mordisco. Sin embargo, él ya lo había anticipado, la sujetó por la mejilla y la forzó a abrir la boca.
Mientras su respiración se desvanecía, un golpe sonó en la puerta desde el otro lado.
—¡Olaia!
Era la voz de Óscar.