Un profundo silencio siguió a la confesión de Rosalind.
La terraza acristalada parecía haberse encogido alrededor de ellos, dejando solo un espacio donde el aire temblaba con cada respiración.
Rosalind sentía que su corazón quería escapar de su pecho, golpeando con fuerza. Sus manos se apretaban sobre la falda del vestido melocotón, sin que ella siquiera lo notara.
Donovan la observaba, inmóvil, con los ojos verdes brillando bajo la luz cálida de la terraza. No parpadeaba, y cada segundo qu