Rosalind se quedó mirando el mensaje durante segundos que parecieron eternos. ¿Le diría a su esposo? No. Con frialdad, lo borró.
"No permitiré que arruines mi día. Quién quiera que seas… estoy demasiado feliz como para prestar atención a estas amenazas. Y si llega a volverse real, sé que…"
La mujer rubia hizo una pausa, volviendo a lanzar un vistazo discreto al hombre sentado junto a ella, su esposo, que sonriendo sostenía su taza de té y conversaba con su padre, don Sebastián Ainsworth.
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