Capítulo 32: Fotografías sexys.
El baile comenzó, suave, lento, tan delicado que para esa mujer se convirtió en una tortura despiadada… ¡Pero debía resistir! ¡Solo una pieza, nada más!, y bastaría para conservar la compostura como la señora Ainsworth: digna, hermosa, radiante e inalterable, justo como todos esperaban verla en la fiesta, como lo merecía su marido.
Rosalind volvió la mirada hacia la mesa donde estaba su esposo…
Inconscientemente buscaba esos ojos verdes, a veces tan fríos, a veces tan penetrantes y cautivado