El corazón de Rosalind dio un vuelco.
Donovan la miró suavemente… y en ese instante ella frunció un poco el ceño. Sintió el olor de la fruta, el pan tostado… y su estómago respondió con una ola extraña.
Ella llevó una mano a su boca, respirando despacio.
Donovan la observó al instante.
—Rosalind… —dijo, inclinado hacia ella.
—Estoy bien —susurró la mujer—. Solo… no tengo mucho apetito.
Donovan negó suave.
—No te esfuerces. Tu cuerpo está cambiando. Es normal. Por eso hoy iremos a ver a