Capítulo treinta: Mi culpa
"Narra Sabrina Spencer"
Fabio me besó la parte interior de los muslos antes de incorporarse para tumbarme de espaldas en el sofá y colocarse sobre mí.
—Te necesito —gimió entonces, besándome con pasión a la vez que se hundía en mi interior.
Yo grité, arqueando la espalda hacia él, empujando mis pech0s contra su torso. Recibía cada embestida, cada beso, cada gemido de placer, con uno mío de igual potencia.
Mis músculos internos se cerraron alrededor de su masculinidad