CAPÍTULO 44. TAN CERCA Y TAN LEJOS
—No tienes nada que temer —Carlos Alejandro pronunció con voz firme—, responderé, me haré cargo de nuestro hijo.
— ¿Lo prometes? —indagó con voz fragmentada Rosa Lilia—, vengo de una familia conservadora, y no tengo cara para verlos, ni enfrentarlos.
—Te doy mi palabra —expresó sabiendo que para él no había nada más importante que eso…, su palabra.
¡Dios! como pudo, Briana se sostuvo de la bufetera en el recibidor, su pecho subía y bajaba ante la fuerte tensión por la que estaba pasando, era má