Como golpeada por un trueno, Rose estaba quemada por fuera pero suave por dentro.
Si no hubiera fingido ser un hombre, nunca se habría enterado que Jay tendría un gusto tan adquirido.
"¿Cuál es tu nombre?". La mirada de Jay se posó en las perforaciones de sus orejas y una sonrisa apareció en sus ojos.
"Ange Lin”.
"¿Ange Lin?". ‘¿Angeline?’.
Jay sonrió aún más. "Bonito nombre”.
Luego, su mano como alicates le apretó la barbilla con fuerza. "Dime, ¿qué negocios tienes con Jean Ares?".
Rose