Savannah lo persiguió. “¡Jens! ¡Jens!”.
Jenson no pensaba prestarle ninguna atención. Sin embargo, al escuchar su voz que sonaba como el graznido de un cuervo, él no tuvo más remedio que darse la vuelta y gritar: "Savannah Jones, ¿podrías dejar de seguirme descaradamente de esta manera?".
Savannah se sorprendió un poco y su rostro enrojeció de vergüenza. Ella dijo tímidamente: "Solo quería explicarte la carta, Jens".
Jenson se burló con frialdad. "Entonces, ¿por qué no lo explicaste antes?