Jay sonrió astutamente.
Después de jugar varias rondas de ajedrez, Angeline aún no había regresado.
Jay se sintió incómodo y dijo: “Abuelo, dejaré de jugar ahora”.
“¿Por qué? ¿Estás preocupado por tu esposa?”.
La expresión de Jay se volvió un poco solemne. Frente al Gran Viejo Amo Ares, su corazón era transparente y no ocultaría ningún secreto.
“Abuelo, cada vez que Angeline regresa a Chalet de Turmalina, siempre hay un incidente tras otro. Me preocupa su seguridad cada vez que no está a mi