De repente, una voz sonó en su cabeza. “Jaybie, tienes que sujetar mi mano con fuerza. No me pierdas".
"Tendré que trabajar duro y ganar más dinero para mi pequeña esposa".
A Jay le empezó a doler la cabeza de nuevo mientras se la abrazaba y se ponía en cuclillas en el suelo.
La niña puso gentilmente el auspicioso collar en su mano y dijo: “Hermano, voy a regalarte este collar. Espero que pueda traerte buena suerte".
"Gracias", dijo Jay en agonía.
Se tiró del pelo, le dolía tanto la cabeza