DOMINIC THORNE
Abrí la puerta del penthouse con prisa. El día había sido un infierno, pero mi mente no estaba en las acciones ni en contratos. Estaba en mi esposa. Pasé las últimas horas imaginando a Grace pálida, sufriendo con ese maldito virus de las Maldivas.
— ¿Amor? — llamé, quitándome el saco.
Silencio. El apartamento estaba completamente silencioso.
Caminé hacia la sala de estar y me detuve. Ahí estaba ella. Grace estaba sentada en nuestro enorme sofá, envuelta en una manta suave. Pero n