JESSICA MAYES
La voz estridente e irritante del locutor resonó por los altavoces de pésima calidad del club.
— Y ahora, caballeros, prepárense para nuestra diosa rubia... ¡Reciban a Roxy con muchos aplausos!
Roxy. Ese era mi nombre falso ahora. Respiré hondo, sintiendo cómo la diminuta tela de mi vestuario me raspaba la piel. Puse mi mejor sonrisa falsa en el rostro, esa que usaba para engañar a idiotas, y empujé la cortina de terciopelo mugriento, pisando el escenario iluminado por luces de ne