JULIAN VANCE
Salí del Hospital General sintiendo el olor asqueroso impregnado en mi traje Brioni. El hospital olía a gente pobre y a problemas comunes. Me dieron ganas de vomitar.
Caminé hasta la calle oscura donde estaba estacionado mi auto, ignorando a los médicos cansados y a los pacientes que fumaban en la acera. Mi chofer corrió a abrirme la puerta.
Entré al asiento trasero, hundiéndome en el cuero blanco inmaculado. El aislamiento acústico cortó al instante el sonido de las sirenas d