DEREK THOMPSON
El sonido del grifo goteando en el diminuto baño era como una tortura. Plim. Plim. Plim. Con cada gota que caía en el lavamanos percudido, mi dolor de cabeza empeoraba.
Estábamos en un agujero. Literalmente. El "Motel Starlight" no tenía nada de estrellas ni de luz. El papel tapiz floral se estaba despegando, revelando manchas de humedad sospechosas. La alfombra olía a cigarrillo viejo y a moho, y la única ventana de la habitación daba a un callejón donde los gatos callejeros