GRACE REED
El viaje de regreso a Manhattan fue pura ansiedad y deseo. El aire dentro del auto blindado parecía estar diez grados más caliente. Las manos de Dominic no se separaron de mí ni por un segundo, sus dedos trazaban patrones invisibles en mi muslo, enviando descargas eléctricas directo a mi vientre bajo.
Cuando por fin las puertas del elevador privado se abrieron en el penthouse, no hubo tiempo para palabras. Dominic me jaló de la cintura antes de que pudiera quitarme los zapatos. Su b