GRACE REED
Sábado por la mañana. El día mundial de gastar dinero que no tienes. O, en mi caso actual, gastar el dinero infinito de mi marido que insiste en que "límite" es una palabra que no existe en su diccionario.
Estaba en el centro comercial más lujoso de Manhattan. Ese tipo de lugar donde el aire acondicionado huele a lavanda importada y la gente no camina, flota.
Tenía una misión sencilla: comprar un regalo de cumpleaños para la enfermera jefa que me había salvado en innumerables turnos