Una mirada basta.

Blanca.

Un rodillazo en su entrepierna bastó para quitármelo de encima, al inclinarse el puño de alguien lo tiró al suelo, sorprendiéndome.

No tenía que adivinar de quién se trataba, esa loción corporal solo un hombre la emanaba con esa intensidad. Tuve que recordarme quien estaba en la sala, interponiéndome en su camino o en consecuencia, tendría a la policía sobre Theo. Eso no sería bueno en absoluto.

__ ¡Te voy a romper cada maldito hueso! - profirió mi esposo con clara rabia.

__ Theo, no.
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