NARRADORA
Lo salado del mar alcanzó sus narinas mientras el viento aullaba en sus oídos. El miedo era palpable, pero Angeline sujetó la mano de Ananda con firmeza. En un último acto de coraje, ellas se lanzaron a lo desconocido, desapareciendo en las olas oscuras y turbulentas del océano.
Los guardias llegaron al borde del acantilado a tiempo de ver a las dos figuras desaparecer. Se miraron entre sí, confusos y frustrados. Habían perdido a sus prisioneras.
Sin embargo, la lucha de Angeline y An