“Todos se fueron, creen que te fuiste. Ven conmigo”, dijo Theo poco después de salir para distraer a los guardias.
Leila se sintió agradecida y le sostuvo de la mano mientras él la guiaba afuera de la cocina.
“Theo”.
“Sí”.
“Olvídalo”, respondió ella, conteniéndose para no preguntarle cómo sabían los hombres que ella iba a venir.
No la trataron como a una intrusa, sino como a un objetivo que habían estado esperando, y si alguien sabía que ella iba a venir, era él, pero aun así, fue él quien