"B-Buenos días, señor".
Clayton fulmina con la mirada al hombre que acaba de entrar en su despacho, perturbando su entrenamiento matutino.
"Ya conoces las reglas, Fred. Las mañanas son para mi entrenamiento", dice Clayton con frialdad, dejándose caer de la barra de dominadas y recuperando el aliento.
"Pero es la Luna, insiste en verte, AHORA".
Los ojos de Clayton se abren de par en par, su corazón ya acelerado late aún más rápido.
¿Qué podría querer Leila? ¿El Alfa la confrontó con los pape