Encuentro inesperado.
Vamos en la limusina mientras fascinada miro a través de la ventanilla la preciosa ciudad nocturna. Con sus rascacielos abrillantados y calles coloridas. Aprovecho cada instante fuera de la mansión como si no pudiera volver a repetirse en mucho tiempo. Pero sin poder dejar de pensar en la humillación que me hizo pasar Julián esta tarde y recordando su trato tan vil la sonrisa se me borra rápidamente. Me doy cuenta que la abuela me mira compasiva.
—Ya deja esa tristeza Laura. Por eso te invité