CAPITULO 94

STAVROS

—Ahora no nana por favor.

Subo las escaleras destapando la botella de coñac que me empino enseguida abro la puerta y liberar mi verga de su atadura pensando en esa mujer que me ha intoxicado al punto de tener que masturbarme con su recuerdo.

«Dios estoy tan mal» debo buscar ayuda o moriré loco, desquiciado y desahuciado cuando lo único que hago es mover rápido la mano en mi falo con movimientos de arriba abajo sin dejar de pensar en esos ojos azules.

Bebo fuertes bocanadas de licor que
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