STAVROS
No confíes Stavros, las miradas mienten, engañan, traicionan y son una trampa que las mujeres saben utilizar muy bien.
—No escuche nada—abro la puerta—apurate..
—Noooo—atrapa mi mano, la suya es tan pequeña, tan suave—no quiero que retrocedamos Stavros—llora—no sabes lo feliz que me hiciste ayer—me abraza sorprendiéndome—sentir tu calor, la forma en la que me hiciste el amor, nunca me había sentido así de salvajemente plena, deseada, amada Stavros—«Diablos» mis manos la rodean inevitabl